«Me hacen ruido los frenos» es una de las frases más frecuentes al teléfono, y también una de las menos informativas. Bajo esa descripción caben cinco situaciones muy distintas, desde una que no requiere nada hasta una que está costando dinero cada día.

El que no importa: óxido de la mañana

Cómo suena: chirrido durante las dos o tres primeras frenadas después de que el coche haya pasado la noche fuera. Luego desaparece por completo.

Qué es: una capa finísima de óxido superficial sobre el disco. El disco es de acero, la humedad y la escarcha lo atacan durante la noche, y la pastilla lo barre en las primeras frenadas.

Qué hacer: nada. Es más llamativo en Logroño que en un clima seco, simplemente porque hay más noches de escarcha.

El aviso: el avisador de desgaste

Cómo suena: chirrido metálico agudo y constante, que no se va con el coche caliente. En muchos modelos suena al rodar y desaparece justo al pisar el pedal.

Qué es: una lengüeta metálica remachada en la pastilla, colocada a la altura de los últimos milímetros de material. Cuando el ferodo se agota lo suficiente, la lengüeta empieza a rozar el disco. Está diseñado a propósito para que lo oigas.

Qué hacer: pedir cita. No hay peligro inmediato, pero el margen es corto. Si se atiende ahora, suele bastar con pastillas.

El grave: metal contra metal

Cómo suena: roce áspero y grave, como arrastrar algo, que aumenta al frenar en lugar de desaparecer.

Qué es: el material de fricción se ha consumido del todo y lo que aprieta contra el disco es el soporte de acero de la pastilla.

Qué hacer: dejar de circular con eso cuanto antes. Cada frenada está surcando el disco, y un disco surcado no se recupera. Un coche que llega así casi siempre se lleva discos además de pastillas, con lo que la factura se dobla.

El asimétrico: pinza agarrotada

Cómo suena: roce continuo por una sola rueda, a veces con olor a caliente al parar. El coche puede irse ligeramente de lado al frenar.

Qué es: las guías de la pinza no deslizan. La pastilla no se separa del disco al soltar el freno y va rozando permanentemente.

Por qué pasa aquí: el barro y el polvo de camino, combinados con humedad, agarrotan las guías con facilidad. Es una avería típica de vehículos que salen del asfalto. Una guía agarrotada desgasta su pastilla al doble de velocidad que la del mismo eje, y esa diferencia entre las dos pastillas de una misma pinza es la pista que lo confirma.

Qué hacer: limpieza y engrase de guías con grasa específica de alta temperatura, no con grasa multiuso. Si el pistón está tocado, pinza nueva.

El que no es ruido pero avisa igual: el pedal blando

No suena, se siente. El pedal viaja más de lo normal o se hunde despacio con el pie apoyado.

Suele apuntar a aire en el circuito o a líquido de frenos envejecido. El líquido absorbe humedad del ambiente a través de los propios latiguillos, y a los dos años ronda el 3 % de agua. En una bajada larga con el pie apoyado, esa agua hierve dentro del circuito y se forman burbujas. Como el aire sí se comprime, el pedal se va al suelo.

Se mide con higrómetro en un minuto. Es la revisión de frenos que menos gente pide y la que más disgustos evita, sobre todo en coches de autopista que frenan poco y por eso nunca pasan por el taller a mirar los frenos.

Lo que decide la factura

Un detalle que conviene saber: la diferencia entre montar solo pastillas o pastillas con discos es de casi doscientos euros, y no debería depender de una mirada rápida por el hueco de la llanta.

Cada disco lleva grabado en el canto su grosor mínimo. La galga da el valor real. Con los dos números encima de la mesa, la decisión es aritmética y la puede tomar el dueño del coche.

Los rangos y el procedimiento completo están en la página de frenos. Para una revisión sin compromiso, 641 16 17 71.